24 diciembre 2014 Opinión, OS X

Yosemite-ActualizadoLa imagen sobre estas líneas muestra la pantalla de las actualizaciones de un OS X Yosemite con las últimas aplicaciones puestas al día, y ha sido tomada poco antes de la publicación de este artículo. Debajo de cada icono se muestra la fecha de actualización. No hay ni rastro de la actualización de seguridad del día de ayer

El parche puso al día millones de ordenadores de todo el mundo sin que sus usuarios nos diéramos cuenta ni antes ni durante la operación, sino después, mediante las notificaciones. Si las teníamos activas, claro, porque de lo contrario, tampoco nos habríamos enterado. Esto convierte a este tipo de actualizaciones en un arma de doble filo…

Esta forma de actualizar los equipos ha estado en “hibernación” durante mucho tiempo, y en lo general debemos recibirla con los brazos abiertos por muchos motivos.

El hecho de hacer esperar al equipo para que se actualice, bien porque estamos usando las aplicaciones que hay que cerrar, bien porque reiniciar en aquel preciso momento es un engorro, puede provocar que el equipo esté expuesto demasiado tiempo, sobretodo para los amantes de dejar el ordenador en reposo durante días.

Sin embargo, se pierde toda opción del usuario a la hora de elegir el cómo y el cuando. Estamos hablando de actualizaciones remotas que ni avisan, ni se pueden detener, y sólo sabemos de su existencia una vez se han instalado y repito, siempre y cuando tengamos las notificaciones activas, porque de lo contrario, ni nos enteramos. Y es más: ¿Cómo sabemos si estamos correctamente actualizados?

Y fijaos que puede ser una tontería el posponer algo que muy probablemente haremos sí o sí más pronto que tarde, pero el hecho de poder decidir esperar puede ser positivo en muchos casos. Si incluso recientemente ha habido fallos en parches sobre los cuales los usuarios hemos escogido cómo y cuando los instalamos y se han tenido que lanzar parches de reparación y rectificación, ¿Qué puede llegar a pasar con parches sobre los que no tenemos el más mínimo control?.

Y lo mejor de todo: ¿Conocéis el CLUF de OS X? El CLUF (Contrato de Licencia de Usuario Final) es ese montón de texto que deberíamos leernos y que no nos leemos pero aceptamos en su totalidad ciegamente cada vez que instalamos OS X. Pues bien; probablemente ahí se especifica que damos carta blanca a Apple para actualizar nuestro equipo a su antojo. Luego si fuera el caso, derecho a queja, ninguno. Pero no quita el hecho de que las actualizaciones automáticas puedan ser un arma de doble filo.

 

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