20 enero 2016 Seguridad, Software

Apple-think

Esta rocambolesca historia tiene como protagonista el celo con el que Apple vela por la privacidad de los usuarios, y como actores una viuda, un juego de cartas, y una orden judicial que la compañía llegó a solicitar.

Pero también es el más claro ejemplo sobre lo que puede pasar cuando el día de mañana ya no estemos, y nos hemos cedido ciertas claves a nuestros familiares.

Peggy Bush sólo quería jugar a las cartas con el iPad de su difunto marido. Conocía la clave para acceder al iPad, pero NO conocía el Apple ID del finado, que necesitó cuando el juego dejó de funcionar y necesitó cargarlo de nuevo. Así que ahí empezó el periplo. Bush explicó a la CBC que hasta entonces había conseguido lo que parecía complicado con el gobierno federal; pensiones y beneficios fiscales entre otros. Pero en cambio, de Apple no podía conseguir una simple contraseña, y le parecía absurdo. La mujer, de 72, no hubiera sido capaz de, por ejemplo, crear otra ID y descargar el contenido otra vez.

La hija de Bush intercedió y proporcionó a Apple el número de serie del equipo, un certificado notarial de defunción, y la información acerca de la voluntad del difunto de dejarlo todo a su mujer. Pero no fue suficiente, porque alguien de Apple le pidió una orden judicial. Eso les pareció ridículo, puesto que hasta entonces habían sido capaces de transferir propiedades como la casa o el coche con sólo un certificado de defunción notarial y las últimas voluntades.

Cuando la CBC contactó con Apple para conocer la situación, desde la compañía se pidieron disculpas y se dijo que todo había sido un malentendido, a la vez que ya estaban trabajando en una solución al problema, que al parecer, NO pasaba por la recepción de una orden judicial.

Tal vez llegaremos al extremos de tener que poner contraseñas en los testamentos, quien sabe…

Vía | Cult of Mac

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