7 septiembre 2015 Opinión

Cartel Jobs

Hay quien dice que huele ya incluso a Oscar. El tandem formado por Danny Boyle y Aaron Sorkin y con Michael Fassbender en la piel del carismático CEO de Apple, ya suenan como los grandes protagonistas del panorama cinematográfico del año, juzgar por las primeras críticas que afloran en Internet.

Aunque no se ha estrenado de manera oficial, en España no llegará hasta Enero de 2016, sí que se ha podido ver por fin de manera limitada en el Telluride Film Festival de Colorado, donde todas las opiniones no pueden ser más positivas, incluso se ha escuchado que es muy superior a la oscarizada The Social Network, también escrita por Sorkin.

Justin Chang asegura en Variety que aquellos que suscriban la visión general de que el cofundador de Apple fue tanto un visionario irónico como un monstruo con un chip de silicio en el hueco del corazón pueden estar tranquilos porque el guionista Aaron Sorkin, el director Danny Boyle y la estrella Michael Fassbender han dado al tema la película brillante, irritante, ingeniosamente diseñada y monstruosamente exaltada que se merecía.

A ello contribuye la apuesta visual de la película a la hora de filmar sus tres actos con formatos diferentes: granulosos 16mm para 1984, refulgentes 35mm para 1988 y e impecable alta definición digital para 1998.

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En Indiewire la comparan a un Birdman para el sector tecnológico, en el que Steve Jobs se mueve entre bastidores durante los frenéticos momentos anteriores a una serie de presentaciones altamente publicitadas. Con una estructura considerada como una obra maestra de economía narrativa, nunca enseña a Jobs dando sus discursos, sino que desmitifica esas famosas actuaciones para buscar a Jobs en su estado natural: inclinado a manipular a los que le rodean y furioso cuando las cosas no salen como deberían.

The Hollywood Reporter insiste en que aunque Fassbender no se asemeje físicamente a su referente, ofrece del todo los aspectos esenciales de cómo los hemos llegado a percibir los demás. Gracias a la brillantez intelectual y la fuerza de su personalidad, el actor se adentra en los aspectos más inalcanzables como el poder de inspiración, la inquebrantable confianza en sus propios instintos, la atención al detalle más insignificante, la absoluta falta de sentimentalismo y la certeza que viene de ocupar otro mundo diferente y elevado.

Ante todo, Fassbender da la impresión de una mente siempre varios pasos por delante de las demás.

Vía | MacRumors

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