19 enero 2016 Industria

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Quien mas o menos siga la actualidad de la pre-campaña electoral estadounidense, probablemente debía intuir que de Donald Trump ni siquiera Apple se salva.

El candidato republicano a pelear por la presidencia, ha dicho en un discurso en la Universidad de Liberty que quiere que Apple fabrique sus malditos ordenadores y cosas en territorio estadounidense, cuando ahora mismo casi toda la producción se concentra en el continente asiático.

El Designed by Apple in California que leemos al abrir la caja del nuevo aparato de la marca, es literal. Todo producto Apple está diseñado en California, pero ensamblado y montado en China. Hay un solo producto que se fabrica en Estados Unidos, que es el Mac Pro, pero hay una diferencia enorme en comparación con el resto de productos, que es que para fabricar la mayor bestia informática del catálogo de la marca se emplean sistemas automatizados y mecánicos en casi su totalidad. Y este es el punto de partida del porqué los productos Apple se fabrican “fuera de casa”, como dirían los estadounidenses.

Apuntando solo algunas “pequeñas cosas” respecto a lo que pretende Trump, las cadenas de suministro asiáticos son muchísimo más grandes que las que puede ofrecer Estados Unidos. Tienen una mano de obra especializada y acostumbrada al trabajo intenso y duro muy ligado a su cultura que además es subcontratada por Apple -en vez de tener recursos propios- porque de esta manera maximiza el beneficio. Esto es, que Estados Unidos debería realizar una inversión que ni siquiera la propia Apple podría costear para ponerse a la altura, a todos los niveles, de China. Es decir, fabricas de ensamblaje, cadenas de montaje,  laboratorios de investigación, ingeniería a gran escala, etc. Posteriormente, debería encarecer sus productos durante años con el fin de recuperar la inversión. En base, es un problema de costes, muy diferentes en los USA que en China.

Por otra parte, habría que encontrar la fórmula para que Apple se trajera a casa todo el dinero que tiene esparcido por el mundo, que está por ahí precisamente por lo que implica el tenerlo en casa. El único camino sería cambiar la legislación, que claro está afectaría a toda la industria. La ley que no podría cambiar, porque no existe, es aquella que obliga a las empresas a trasladar su producción a Estados Unidos.

Claro que si Trump se saliera con la suya, Apple generaría muchísimos puestos de trabajo directos e indirectos, pero salta a la vista que el republicano necesita casi un nuevo orden mundial para que consiga lo que quiere.

Vía | The Verge

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