29 abril 2016 Industria, Opinión

iPad-iPod-touch

En el momento de escribir estas lineas nos encontramos en una de esas épocas del año en que las ventas de tecnología experimentan un leve pico, gracias los niños que hacen la primera comunión, ocasión ideal para comprar eso que tanto han pedido.

Hasta hace relativamente poco -y todavía quedan resquicios que se niegan a desaparecer- el producto estrella era el iPod, en cualquiera de sus versiones. Con el paso del tiempo los dispositivos sin pantalla se quedaron en el camino, pero la llegada del iPad empezó a hacerle sombra al iPod. Y, fijaos que casualidad, como está cambiando la situación parece indicar que hay una estrategia muy bien planeada detrás.

Existe una teoría que responde a la pregunta de porqué Apple realiza tantas actividades, talleres y campus dedicados a los niños, cuando por si solos no pueden ser clientes de la compañía, al no tener poder adquisitivo para comprar sus productos. La respuesta es porque el dinero lo tienen sus padres, que siempre van con ellos. Pero hay algo más importante todavía, y es que si acostumbras a un niño a usar y trabajar con ciertos elementos, el día de mañana no querrá otra cosa, y cuando sea adulto, tendrá el dinero para comprarlo.

Así que, con esta teoría, más el argumento de venta de “pantalla pequeña para una mano pequeña”, el iPod tenía un leve pico de ventas en algunos lares durante las semanas en las que abundan las comuniones. Los pequeños se lanzaban contra los artículos de exposición y devoraban el contenido de videojuegos -entre otros- que había instalados. Ahora también ocurre, solo que hay una pantalla más grande. La de un iPad.

La lógica de un niño -hasta que entra en la adolescencia- dice que ‘si hace lo mismo, mejor que sea el grande’. Por eso cambiaron los hábitos. Porque en la pantalla grande, ese juego luce mejor en un iPad. Si a eso le sumas el “gancho” de las instalaciones de contenido de demostración de todo producto Apple de exposición -estudiado al milímetro- los padres ven que también pueden usarlo ellos. Efectivamente, en las demos de los productos de exposición de Apple giran apps para todos los miembros de la familia. Y la excusa de nos llevaremos el pequeño, que es más barato ya no sirve. Fijaos en las diferencias de precio entre el iPod de mayor capacidad, y el iPad de menor capacidad y tamaño.

Y un día, “todos teníamos iPad”, y Apple tuvo el problema que ya no vendía tanto. Pero los niños no dejaron de hacer la comunión. Así que, si sumamos que los niños siguen queriendo pantalla, más un sistema que sea absurdamente sencillo de utilizar, imaginemos por un momento qué pediría un niño que sabe que puede pintar sobre una pantalla, como lo hace en el cole con un lápiz y un papel, y jugar a la vez como en el iPod o el iPad. Y ahora, imaginemos que aprende a usar eso hasta el punto que el día de mañana no necesite un ordenador convencional. Oh, vaya. 

Los que ya peinamos canas y somos padres, vemos como nuestros hijos manejan las pantallas con sus dedos a un ritmo que nos es difícil de asimilar. Aprenden rápido, y están adoptando costumbres que les marcarán el día de mañana. Si a esto le unimos que la tecnología evoluciona, y que lo viejo debe morir para dar paso a lo nuevo -una de las frases célebres de Steve Jobs- está bastante claro cual parece que es el plan para las futuras generaciones. Mañana, no querrán ni el iPod que le regalaron al primo hace algunos años, ni el iPad como el de la hermana. Querrán ese que lleva lápiz. Que “casualmente”, no es el ordenador que no necesitarán mañana… y puede que ni pasado, sobretodo si ya no existe en el mercado.

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