23 mayo 2015 Industria

iPhone BlackBerry

Hay cosas que a veces, por muy preparado que uno crea que está, simplemente o no se ven venir, o no se saben gestionar adecuadamente.

Esto es lo que seguramente les pasó a los cerebros pensantes de BlackBerry en 2007, cuando apareció en escena la primera generación del iPhone: que no supieron entender hacia donde se dirigiría el mercado a partir de entonces y al que no consideraron una amenaza a la hora de interesar a su, hasta entonces, fiel nicho de usuarios.

Todo esto se extrae tras la lectura de Losing the Signal, un libro escrito a cuatro manos por Jacquie McNish y Sean Silcoff y que indaga en todo lo que rodeó a la situación que provocó que la por aquel entonces exitosa compañía canadiense, entrase en una espiral de caída en la que muchos apuntan que el iPhone tuvo mucho que ver.

Los ejecutivos de la compañía, RIM por aquel entonces, pensaban que el smartphone de Apple solo despertaría atracción en los usuarios interesados en el ocio digital, YouTube y similares, y no entre aquellos más interesados en la seguridad y la eficiencia, que era quienes formaban su principal núcleo de clientes.

Ejecutivos, empresarios y hombres de negocios apreciarían esa seguridad y esa eficiencia de BlackBerry y su teclado físico y concederían menos importancia al esa fruslería que había dicho Steve Jobs de poder tener todo Internet en tu bolsillo.

Al fin y al cabo, por aquel entonces, la mayoría de los teléfonos móviles no se caracterizaban precisamente por su capacidad de navegación en Internet. De hecho, el iPhone fue el primer smartphone cuyo navegador ofrecía una experiencia que podía compararse a la que encontrábamos en un ordenador, gracias a su pantalla completamente táctil.

Lo que parecía el talón de Aquiles, acabó siendo su principal clave de éxito. Eso unido al innovador acuerdo al que Apple llegó con AT&T que dejaba atrás los habituales planes de datos por consumo en favor de una tarifa plana, algo impensable por aquel entonces.

En RIM/BlackBerry siguieron sin entender muy bien la filosofía del mercado, que cambiaba en favor de un dispositivo que consideraban inferior al suyo y con cosas tan criticables como una duración de la batería demasiado corta como para ser atractiva.

Sin embargo, el iPhone triunfaba, entrando en el mercado como un elefante en una cacharrería y revolucionando el mismo con un estilo que aún perdura en nuestros días. Cuando los canadienses quisieron reaccionar y apuntarse al carro, ya era demasiado tarde y sus productos distaron bastante de ser un éxito.

Vía| The Wall Street Journal

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