23 julio 2014 Industria, Opinión

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Seguro que para muchos de nosotros, cuando relacionamos a Apple con el mundo de la moda, lo primero que se nos viene a la cabeza es el característico “uniforme” con el que solía vestir el desaparecido Steve Jobs.

Esa minimalista combinación de jersey negro de cuello de cisne, vaqueros y zapatillas ha terminado siendo un verdadero icono de la compañía, casi una imagen de marca, pero la cosa no ha sido ni mucho menos siempre así.

En plenos años 80, con John Sculley al frente, la compañía buscaba convertirse en una empresa global y no se les ocurrió otra manera de hacerlo que incluir entre sus creaciones, una línea de moda bautizada como The 1986 Collection que estoy seguro que no os va a dejar indiferente a ninguno.

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La idea fue la perfecta puesta en escena del errático rumbo que la compañía tuvo durante los siguientes 12 años, con estrategias erróneas que a punto estuvieron de sepultarla para siempre y que no se solucionaron hasta el regreso de Jobs en 1997.

Un despropósito incluso para la estética de aquella década, lleno de jerseys de colores imposibles y estética que haría sonrojarse a los estilistas de El Príncipe de Bel-Air y que se saldó con un sonoro fracaso en el mercado.

Porque si en la primera época de Steve Jobs al frente, tendencia que se ha vuelto a recuperar afortunadamente en la actualidad, Apple vendía los mejores ordenadores (me vale también teléfonos o tablets) del mundo, bajo la batuta del antiguo CEO de Pepsi, el catálogo de la compañía se llenó de sudaderas, bermudas, gorras, sombrillas de playa e incluso relojes.

Sabedor del poder que el logo de la manzana tenía para el público y que aún sigue manteniendo y se olvidó de todo lo demás. El logo se convirtió en el producto y se descuidó de lo que realmente había hecho grande a la compañía.

Se olvidó de querer cambiar el mundo.

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Apple ha contratado recientemente a dos expertos en moda: Angela Ahrendts (CEO de Burberry’s) y Paul Deneve (CEO de Yves Saint Laurent) y probablemente no tarde en desembarcar en el mundo de los wearables con el tan esperado iWatch, pero personalmente estoy más que convencido que la propuesta será radicalmente opuesta a aquella colección de 1986.

Claro que quizás dentro de 20 años, alguien se rasgue las vestiduras con la estética actual, pero eso ya es otra cosa, claro, las modas siempre son pasajeras…

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