31 agosto 2016 Industria

Cook-serio

No han pasado muchas horas desde que la decisión de la Comisión Europea de obligar a Apple a pagar 13.000 millones de Euros a Irlanda en concepto de impuestos no satisfechos, haya desencadenado un torrente de “artículos esclarecedores” y “minuciosas anatomías” sobre el qué y el porqué, y tal y como se veía venir, está creando dos bandos bien diferenciados: Los usuarios que defenderán a Apple a capa y espada sin conocer todos los detalles del asunto, y los que celebran la hora de la venganza sin, “también tampoco”, conocer todos los detalles del asunto.

En el fondo, esto no va de pagos y cobros. Va de empresas y negocios, y de moralidad. Pero también va sobre donde va a parar el dinero, que precisamente es lo que hay detrás de todo el barullo (¿des?)informativo. Y la inmensa mayoría, no sabemos ni la mitad de lo que hay detrás de todo esto.

La clave de todo este asunto es que a la Comisión Europea lo que realmente le quema por dentro es la política fiscal de Irlanda. Es cada país de la Unión el que aplica su propio modelo fiscal a discreción. La mayoría de países, casualmente, tiene una política similar. Y una minoría tiene otra más laxa. Esta minoría es la que a menudo sale en los medios de comunicación generalista debido a su política fiscal casi paradisíaca comparada con la del resto.

Esto es muy sencillo, dejando de lado si lo que ha ocurrido está bien o mal, o si es legal o ilegal, Apple, como cualquier empresa creada para generar dinero, va a hacer todo lo que esté en su mano para pagar lo mínimo posible al fisco. A partir de aquí es inevitable que a los usuarios y seguidores de la marca nos toque la fibra en mayor o menor medida este asunto, pero esto no exime a las autoridades europeas a tener que aplicar una misma vara de medir en todos los países, en todos los modelos tributarios, y a todas las empresas que tienen sedes en Europa. Es decir: Hecha la ley, hecha la trampa, y más si existen leyes diferentes en regiones diferentes, pero en un mismo marco. En fin; como el asunto se centra en Irlanda, nos ceñiremos a Irlanda.

El denominado “doble irlandés” consiste en mover los beneficios de las empresas a países con poca tributación. En base, se trata de que una misma empresa crea sus propias filiales en varios países, y mientras en una ‘central’ se vende, en otras sedes afincadas en países con una fiscalidad reducida reciben royalties altísimos por el uso de la marca de la central, ergo, por mucho que la central facture, tiene pocos o ningún beneficio, o pérdidas, ejercicio tras ejercicio. Este sistema fiscal entra en competencia desleal con otros países de la Unión y ha permitido a Apple recaudar dinero correspondiente a Europa, India, Oriente Próximo y África entre el 2003 y el 2014. De ahí que se exija el pago de impuestos no satisfechos en años; es lo que el CEO de Apple Tim Cook llama “cambiar la legislación con carácter retroactivo”. Aunque el titular que se puede leer por ahí “venda”, en realidad no se trata de una multa, es una puesta al día, porque no se exige el pago de Apple a la Unión, sino de un pago que Irlanda debe exigir a Apple en concepto de impuestos no satisfechos. Hasta aquí lo que se dice que ha estado ocurriendo.

Lo que no se dice tan alegremente, pero salta a la vista, es que Apple ha estado encadenando ejercicios con unos beneficios brutales a nivel mundial, pero en países de Europa declara beneficios paupérrimos o nulos, como en el caso de España, donde en los últimos tiempos ha registrado varios ejercicios con pérdidas, pero no ha dejado de abrir tiendas. Y mientras, en otros países europeos, parece que sus habitantes compran los Macs a miles, literalmente. Todo esto, esté o no dentro del marco legal, da mucho que pensar.

Por otra parte, la contrapartida en muchos casos por parte de la empresa que opera de esta forma, es la inversión en el país que ofrece ventajas fiscales. Por eso en muchos flancos se está viendo que la inversión en Irlanda es devolver al país lo que Apple se ha ahorrado ahí en materia de impuestos. Por otra parte, el mover los beneficios a Estados Unidos -en el caso de Apple- supondría el pago de unos impuestos altísimos, por lo que esta opción se descarta.

En definitiva, dentro de lo legal que ha sido este sistema, puede ser moralmente discutible, éticamente reprobable o directamente feo con la que está cayendo. Y aún y así, hay algunos aspectos a valorar. Teniendo en cuenta que las autoridades prohibieron este modus operandi a posteriori de ponerse en marcha en varias zonas, es posible que existiera un acuerdo entre Irlanda y la compañía de Cupertino que siguió en vigor una vez prohibido a nivel continental. ¿Cómo es eso posible?  Porque en materia fiscal tributaria, cada país tiene sus propias leyes al margen de la Comisión Europea, que solo investiga en los casos en los que la normativa respecto a las ayudas haya sido vulnerada. Entre líneas se puede ver, como se está apuntando desde cada vez más medios, que no se trata de un tema de cuantías, sino de quién recauda ciertos impuestos en un espacio donde conviven varios modelos fiscales, y la única solución parece ser cambiar el sistema por completo y crear un marco global para todos los países. Evidentemente, si el primero en claudicar es un gigante, en cierto modo se allana el camino de cara al futuro.

Pero lo más importante de todo este asunto es que, al margen de si se ha mantenido dentro del marco legal o no, Apple ha sido señalada como evasora de impuestos y podéis estar seguros que a nivel de imagen de marca, esto le va a hacer daño. A muchos les cuesta creer que la impoluta compañía, la que cambia el mundo, la que es tan amiga del medio ambiente, la que defensa a uñas y dientes la privacidad de los usuarios sus clientes, se la apunte como quien ha intentado esquivar 13.000 millones de Euros en Europa, legalmente o no, con o sin moral. Y reconozcámoslo, la carta con tintes amenazantes del CEO de la compañía, vaticinando daños en empleo e inversión en toda Europa, no ayuda.

Queda mucho de que hablar sobre este asunto, y el proceso se prolongará en años. Irlanda y Apple ya han avisado que apelarán. Pero la cosa no pinta bien, para nadie, porque sentará un precedente que queramos o no, pagaremos todos.

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