29 julio 2015 Opinión, Software

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Hoy es el día en que millones de ordenadores de todo el mundo empezarán a descargar el nuevo sistema operativo de Microsoft, Windows 10. A medida que cada vez más usuarios le han podido echar el guante, se ha ido confirmando que en el fondo, es el Windows de siempre, a todos los efectos.

Porque a la postre, aunque le pongas un “10” en el nombre, sigue siendo Windows.

Los foros poblados con usuarios que sólo quieren ver arder el mundo apuntan que Microsoft se ha saltado el “9” en Windows porque añadiéndole un “10” era la única manera de que comercialmente pudiera estar a la altura de Mac OS X. Lo cierto es que este ‘salto numérico’ tiene una explicación técnica.

Resulta que varios comportamientos y aplicaciones cruciales del sistema hubieran interpretado que corrían sobre un Windows “9x” esto es, 95, 98 o Me. Dicho de otro modo, a día de hoy se están intentando corregir cosas de hace, literalmente, décadas. Y este cambio ha sido una modificación de última hora, como desvelan las líneas de código del propio sistema operativo. Esto implica que están lanzando un sistema operativo parcheado desde antes de que vea la luz -no había tiempo de reescribir desde cero- para poder correr sobre ordenadores, tablets y móviles, y voilá; ya tenemos la tan cacareada “evolución” del nuevo Windows.

Todo lo demás, es más de lo mismo, pero con matices. El sistema operativo es gratis como Mac OS X; pero con matices. Es compatible con la mayoría de ordenadores aunque no sean de última generación, como Mac OS X, pero con matices. Se lleva de perlas con tu móvil y/o tablet, como Mac OS X, pero con matices. Los matices, son aquellos bichillos que lo rompen todo. Me atrevería a decir que más de la mitad de los ordenadores que instalan la primera versión de cualquier Windows NO funcionan a la perfección. Hay que trastear, reinstalar, buscar en foros cómo se las han apañado otros usuarios, y a menudo, esperar una solución. Si, exactamente igual que con Mac OS X, pero con matices y a una escala muchísimo más reducida. Porque cuando te has buscado la vida para monopolizar el mercado de los ordenadores personales, cuando te equivocas, el estruendo tiene repercusión mundial.

Pero cuidado, porque esto tiene una explicación más que lógica. Y es que es imposible que todo funcione bien cuando tienes centenares de fabricantes de centenares de piezas de hardware distintas con sus centenares de equipos de desarrollo y sus centenares de aspectos a tener en cuenta para que no se den ninguno de los centenares de problemas que pueden darse en los centenares de tipos de usuarios y escenarios de uso. Perdón, corrijo: Millones de usuarios y escenarios, porque recordemos, que Windows 10 es para ordenadores, tablets y móviles.

Pero ojo, porque todo esto no significa que personalmente crea que Windows sea malo. Malo es un calificativo que se le atribuye a algo que es de mala calidad, y Windows no es malo. Lo malo de Windows está tan arraigado en el sistema operativo desde hace tanto tiempo, que ya forma parte de él. Al igual que lo bueno, que es el hecho de que está tan extendido que todos los videojuegos que salen, lo hacen para Windows.

Así que, como desde hace muchos años mi plan no me ha salido mal ni una sola vez, lo ejecutaré exactamente igual que hasta el momento. Esperaré a que Windows tenga su primera gran actualización y lo instalaré en el ordenador que uso exclusivamente para jugar. Porque para trabajar y todo lo demás, ya existe Mac OS X. Y es que si os fijáis, no hay nada que apunte a que esta vez vaya a ser diferente; nada que pinte a “vaya, esta vez sí”, porque Windows sigue siendo Windows, a todos los efectos, aunque le pongas un “10” en el nombre.

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