26 agosto 2016 Hardware, Industria

Cook-Foxconn

La tormenta perfecta tiene los siguientes ingredientes: Medios convencionales que nunca hablan de Apple pero huelen la sangre, una deducción que tiñe de catástrofe la situación, y una comunidad de haters ansiosos de ver a la compañía como no consigue levantar cabeza.

La tormenta perfecta de estos días podría ser, en realidad, un chubasco de verano porque las base sobre las que se asienta caen por su propio peso. Es lo que tiene hablar de lo que podría ocurrir sin tener ni idea de cómo se ha llegado hasta aquí.

Esta historia empieza hace escasos días, momento en que Digitimes publica un artículo en el que, citando fuentes de la cadena de suministro, Apple habría ejercido una extraordnaria presión para conseguir una rebaja del 20% en los suministros para el iPhone 7 después de haber recortado los pedidos un 30% en relación a pedidos anteriores. El artículo, como se puede comprobar en el enlace anterior, lleva a una pagina que invita al lector a pasar por caja con el fin de suscribirse para poder acceder al texto en cuestión. Y como todo el mundo sabe, gran parte de los medios generalistas que rara vez hablan de tecnología, y que nunca hablan de Apple, están suscritos al citado medio.

Y es más: No sólo están suscritos al mencionado medio, sino que tienen la capacidad de deducir el porqué de lo que explica el texto, fruto del maquiavélico plan de Apple, y las devastadoras consecuencias de tan vil acción. Anda mira, ya tenemos titular: Apple obtendrá más ganancias reduciendo la calidad de los componentes del iPhone 7. Como puede verse, el titular quiere decir lo mismo que lo que apunta todo medio especializado: Apple exige recortes en los costes de los proveedores después de reducir un 30% los pedidos.

Cualquier medio que hable de Apple con asiduidad y más allá de lo que se presenta en las keynotes -y de la última moda de hablar de los resultados financieros- sabe que Apple siempre mantiene puertas abiertas a la negociación de precios de componentes, simplemente porque los precios cambian en base a lo grandes que son los pedidos y a las fluctuaciones de los mercados. En esta ocasión el pedido ha sido un 30% menor que en anteriores ocasiones, porque Apple sabe, como viene anunciando desde hace meses y para ser exactos, desde hace 2 cuatrimestres fiscales, que venderá menos terminales en los próximos meses ya que, al menos por ahora, la bonanza y las cifras récord de su producto estrella han quedado atrás. Es decir, nada nuevo en el horizonte.

La rebaja en el precio obtenida mediante una extraordinaria presión tampoco es novedad. El plan de la compañía ha sido usar la amenaza China, donde se fabrican “los mismos” componentes pero a un precio menor, porque son de inferior calidad. Pues resulta que los proveedores de las materias primas y filiales de algunos de los titanes que trabajan desde hace años con Apple, les han dicho que no son capaces de aceptar ordenes de rebaja en este momento, sin beneficios razonables en este momento. Este detalle ha sido obviado de los medios generalistas que han disparado las alarmas, pero si que han procurado sacar una conclusión precipitada de este hecho ante la posibilidad -que NO hecho consumado- de que Apple, a pocas semanas de la presentación del terminal, se vaya a China.

La conclusión precipitada, es aquella que sale de la dudosamente lógica deducción de que, si los componentes son más baratos, es que son de peor calidad. Efectivamente,  puede que sea así, pero dependiendo de cómo se sirva este hecho, se da a entender que peor calidad implica peor iPhone, cuando esto es escasamente posible que ocurra. Si las piezas en cuestión pasan los estándares de calidad, no se pueden comparar ni con las mismas piezas de un modelo anterior al estar ya en vías de extinción, ni con un modelo futuro porque todavía no existe. Ni se puede mantener el mismo grosor de piezas si la tendencia -casi enfermiza por otra parte- es la de adelgazar el teléfono, ni se puede montar la misma placa lógica si cada vez hay más funciones íntimamente ligadas al hardware, ni se puede meter la misma batería si hay otra que aguante lo mismo, se mantenga más fría, pero ocupe más.

Pero más allá de lo que podría pasar, está lo que pasa. Y lo que pasa, es que la primera oleada de terminales debe satisfacer la demanda de la reserva, del lanzamiento, de las ofertas de las operadoras, del Black Friday, y de la navidad. Esto es, que a estas alturas y a -dicen- escasas semanas de su puesta de largo, el iPhone 7 ya se está fabricando. No hay tiempo material de quitar piezas buenas y poner piezas de peor calidad porque el coste en tiempo y en dinero mataría la gallina de los huevos de oro en horas bajas.

Hay una única posibilidad de que estemos a las puertas de un iPhone de peor calidad, y es si se compara un iPhone 7 fabricado y/o ensamblado por A, y un iPhone 7 fabricado/ensamblado por B. En la única ocasión que ha ocurrido un amago de algo así se dieron las oportunas explicaciones, además se hicieron las respectivas pruebas, y nunca más se supo.

El iPhone 7 tendrá aspectos inesperados, casi con toda seguridad. Saldrán los apocalípicticos con campanas a la calle al grito de “el fin está cerca” cuando se den casos de que algo falla en el terminal, aunque no sea culpa de la compañía, y si hay algo que bajo condiciones muy concretas se da en 1 de cada 10000 casos, poco se tardará en tildar de fraude a consumidor el terminal de Apple, que no lo olvidemos, es aquella empresa que incluso reconociendo fallos y compensando males, sale airosa de este tipo de situaciones.

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