Caso FaceApp: el ejemplo perfecto de que no nos tomamos nuestra privacidad demasiado en serio

Caso FaceApp: el ejemplo perfecto de que no nos tomamos nuestra privacidad demasiado en serio

Escrito por: Carlos Villar    24 julio 2019     Sin comentarios     2 minutos

Compañías, Redes sociales y desolladores de apps aprovecha nuestro desconocimiento o la escasa importancia que le concedemos al uso de nuestros datos privados en Internet para hacer negocio con ellos.

No podemos negar que FaceApp ha sido un éxito. Quizás efímero, a lo mejor polémico, pero éxito al fin y al cabo. Un éxito incontestable. Quien más y quien menos a lo largo de todo el mundo se ha descargado la aplicación para comprobar cómo se vería si fuera del sexo contrario o con unos cuantos años encima.

Esta última opción se ha hecho viral y desde cualquier usuarios de a pie a celebrities han publicado la foto de rigor en su Redes Sociales sin preocuparse de la letra pequeña tras esa imagen para luego echarse las manos a la cabeza cuando descubrimos que nuestros datos han ido a parar a empresas rusas que desconocíamos, como el uso que se va a hacer de ellos. Normal, no nos tomamos nuestra privacidad en Internet con la debida importancia.

Este caso FaceApp es un ejemplo más de que nunca leemos las condiciones de uso de las apps que descargamos y utilizamos, como si el uso de nuestros datos privados y personales no fuera algo relevante, seguramente porque desconocemos lo que las compañías hacen con esos datos. Una pista: Si el servicio que utilizamos es gratuito, es que el pago eres, de una u otra manera, tú mismo. Y si compensa, por algo será.

No tenemos que irnos a oscuras aplicaciones rusas de las que hasta los políticos americanos huyen por si acaso, servicios aparentemente más neutros y agradables también pueden hacer prácticamente lo que quieran con nuestros datos. Servicios, redes y apps que usamos todos los días, como la cesión de derechos de Instagram o Facebook, que permite a la compañía almacenar, copiar y compartir con terceros todas las fotos que colguemos. Y qué decir de las escuchas desde los altavoces inteligentes de Amazon.

Como decía en párrafos anteriores, las compañías hacen negocio con nuestros datos, hacen negocio con nosotros sin pedirnos permiso e incluso aunque a veces rehusemos compartir según qué recursos personales. Incluso somos tan ingenuos de creer que publicar estados donde nos pronunciemos denegando permisos para compartir información son efectivos. No lo son. Leer los términos de uso y aceptar las consecuencias sí lo es.

Incluso aunque pensemos que no pasa nada porque trafiquen con nuestros datos personales bajo la premisa de «no tengo nada que ocultar»… Es que no se trata de eso.


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