¿Ha merecido la pena esperar tanto por el nuevo Mac mini?

¿Ha merecido la pena esperar tanto por el nuevo Mac mini?

Escrito por: Carlos Villar    6 noviembre 2018     3 minutos

Tiene más puertos que nadie y una versatilidad incuestionable, peor ¿cumple el Mac mini 2018 con todas las expectativas que había puestas en él?

El Mac mini llevaba mucho tiempo sin renovarse. Tanto que recuerdo haber escuchado a alguien decir que había matrimonios que habían durado menos que el periodo de actualización del pequeño de los ordenadores de Apple. Y no le falta razón, tanto en broma como (sobre todo) en serio, muchos fans de la manzana criticábamos la pereza de la marca al respecto, temiendo incluso su eliminación.

Pero la llegada del iMac Pro y las promesas que le siguieron sobre renovaciones en la gama que se empezaron a ver con los últimos MacBook Pro despertaron unas ilusiones que por fin se acabaron haciendo realidad en la pasada Keynote y que devolverán a las tiendas al Mac mini mañana mismo. Pero, ¿Ha merecido la pena la espera? ¿Ha cumplido el Mac mini de 2018 todas las expectativas?

Hay que empezar diciendo que en todo este tiempo, esa maravilla de ingeniería de la miniaturización que veíamos en cada presentación de un dispositivo iOS e incluso en el diseño interno de los cada vez más delgados portátiles nos había hecho soñar a muchos con un equipo más diminuto que el que al final ha visto la luz. Un Mac mini más mini, valga la redundancia. Que estuviera más cerca por ejemplo de un Apple TV que del mismo diseño de la generación anterior de la que, a primera vista, sólo se diferencia en que tiene un color más oscuro.

Es verdad que a la hora de usarlo, de esa célebre «experiencia de usuario», características como los hasta ocho núcleos de sus procesadores Intel, el chip T2, los hasta 64GB de RAM, o un disco duro SSD de 2TB sacan el músculo del equipo, pero son eso: opciones. Para sacar todo el rendimiento del Mac Mini hace falta irse a las versiones más caras y es ahí donde aparece el «pero» que más veo yo en la generación de 2018.

No es un equipo barato.

No lo es en su versión más económica (899€) y mucho menos en la versión tope de gama sobre este párrafo y que, como podéis ver, se acerca a los 5.000€. Sin pantalla, sin teclado, sin ratón, sin trackpad. Barato, no es. Y para qué engañarnos, el precio era uno de los puntos fuertes del equipo y ahora ya no. Y si queremos mejorarlo por nuestra parte, aumentando la RAM o el disco duro, fácil no va a ser y, en ocasiones, ni siquiera posible.

Por otro lado, hay que alabar la conectividad. En medio de una tendencia a la racanería en los puertos y conexiones, cuatro USB-C/Thunderbolt 3, dos USB-A, HDMI, Ethernet—Gigabit e incluso el casi extinguido jack son algo a agradecer aunque algunos ya vayan orientados sí o sí a los periféricos esenciales que mencionábamos antes. Pero a cambio podremos utilizar si queremos un monitor 5K, incluso dos 4K al mismo tiempo. Y discos duros externos, aceleradores gráficos… lo que queramos, por puertos no va a ser.

¿El resultado final? Bueno, como alternativa a ese iMac Pro que no nos podemos permitir cumple si desembolsamos un poco de dinero más, pero en su versión más básica, pocas bazas tiene que ofrecer para competir con un portátil, algo que hubiera conseguido de haberse mantenido por debajo de los 700€.


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