de Telefónica -ahora Movistar- rebosaba de satisfacción justo a la hora del té. Había un buen puñado de directivos trajeados, y otros tantos sin trajear que ya vaticinaban como todo un éxito el iPhone 3G en España. Unos pocos hablaban con la prensa presente en la zona, y en uno de los círculos de conversación, se acercó uno de los trabajadores que activaban los nuevos terminales a voluntad del usuario después de salir disparado de su mesa. Susurró algo al oído a uno de los directivos, éste extendió el mensaje a sus compañeros, y todos empezaron a cambiar el semblante del rostro y a realizar llamadas telefónicas. Unos pocos desaparecieron a toda prisa, y otros, se limitaron a quedarse ahí, con cara de pocos amigos.
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