
Siempre que me encuentro con una de las patentes propiedad de Apple, siempre, pienso en la manera en la que el diseño acabará tomando forma en un futuro y también siempre se que sea lo que sea que acabe saliendo a la luz, no será lo que estoy viendo en esos momentos.
Me explico: cuando eché un vistazo a la patente que sustenta el manido concepto del iWatch, me sirvió tanto para conocer la base en la que se sustentará el reloj de Apple, si finalmente existe, como para estar seguro que su aspecto definitivo seguramente no se parecería en nada a los gráficos mostrados en la solicitud.
Y esta misma sensación es la que tengo al ojear esta curiosa patente que hace referencia a un híbrido entre un MacBook y un tablet multitáctil de la que seguramente bebió el iPad que todos conocemos.

















