Septiembre ya está aquí y quien más y quien menos esperamos que Apple se decida a presentar algo en el mes más habitual para hacerlo. Este año, por culpa del dichoso Coronavirus, es posible que no veamos a la nueva generación del iPhone todavía, pero quién sabe si en Cupertino no van a dejar Septiembre en blanco y presenten otro producto, por ejemplo, un nuevo iPad.
Cuando tienes una ingente cantidad de dinero, tienes dos opciones que hacer con él: bien te lo guardas en la caja fuerte como el Tío Gilito o bien donas parte de él a organizaciones y proyectos benéficos para ayudar a mejorar la calidad de vida de los que no son tan afortunados como tú. Todos conocemos a alguna fortuna que ha hecho esto último, En España es bastante conocido el caso de Amancio Ortega, fundador de la cadena de ropa Zara, habitual mecenas de proyectos sobre todo orientados a la sanidad.
Los productos de Apple que llegan finalmente a las manos de los consumidores no suelen ser, de hecho casi nunca lo son, exactamente iguales que las ideas que surgieron de la mente de Jonathan Ive o de alguna de los talentos creativos del departamento de diseño de Cupertino. Hasta llegar a la versión final, cada nuevo dispositivo pasa por muchos procesos de rediseño, de cambios e incluso a veces muchas ideas se quedan por el camino sin llegar nunca a convertirse en realidad. Algunas muy buenas y otras, no tanto.
Si eres de los que utiliza Windows en un Mac virtualizándolo a través de VMware, es posible que os hayáis encontrado con que la aplicación ha empezado a fallar de manera incomprensible de un tiempo a esta parte. Más o menos desde el tiempo que hace que hayáis instalado la versión 10.15.6 de macOS Catalina, que se ha descubierto como la responsable de dicho mal funcionamiento.
En el mundo empresarial, más incluso en el sector tecnológico, es bastante común ver día sí y día también alguna demanda entre compañías por motivos que van desde infringir patentes, plagiar diseños o espionaje industrial. Muchas son legítimas, pero de un tiempo a esta parte han aparecido empresas destinadas únicamente a crear demandas más que cuestionables con la única opción de intentar sacar algún rédito a las grandes multinacionales a cambio de evitar ir a juicio.